Ciudad del Vaticano,

Las recientes reflexiones del papa Francisco sobre los divorciados o sus referencias en otras ocasiones a los homosexuales han puesto sobre la mesa temas delicados que generan debate dentro y fuera de la Iglesia y que anticipan cuestiones que abordará el Sínodo de Obispos de octubre.

El pontífice ha logrado que la Iglesia estudie con detenimiento cuestiones polémicas y lo ha hecho con un estilo particular que ha sido acogido por algunos sectores como una señal de apertura, mientras que desde otros se defiende que ciertos cambios irían en contra de la doctrina cristiana.

Además de plantear cuestiones relacionadas con los divorciados o los homosexuales, otros temas como el de los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero, la situación de parejas unidas por lo civil y en convivencia, o la necesidad de una paternidad responsable sin tener hijos “como conejos” fueron impulsados por el papa.

Francisco quiere diálogo y así lo ha transmitido en diversas ocasiones, como cuando pidió en la apertura del Sínodo Extraordinario de la Familia del pasado octubre que los padres sinodales hablaran en libertad, pero respetando siempre las opiniones de los demás.

Y hubo diálogo. El propio Francisco se mostró muy satisfecho por las “animadas discusiones” que se dieron y aseguró que se habría quedado “muy preocupado y triste” si todos hubiesen estado de acuerdo.

El pasado 5 de agosto, el pontífice aludió a la situación que viven en la Iglesia los divorciados que han establecido una nueva convivencia y dijo que estas personas “no están excomulgadas y no deben ser tratadas como tales”.

Era la primera vez que se pronunciaba públicamente de forma tan clara sobre este asunto y sus palabras cobraron especial relevancia pues se produjeron a dos meses de que la Iglesia Católica celebre el Sínodo Ordinario de los Obispos, en octubre.

El debate sobre si los divorciados que se hayan vuelto a casar pueden comulgar o no, no es nuevo, pues ya el cardenal alemán Walter Kasper ha pedido en el pasado una mayor “misericordia” hacia los casos difíciles, incluyendo el de perdonar a los divorciados y readmitirlos en la Iglesia, y también en los sacramentos, a través de un camino penitencial.

Opiniones que han sido rechazadas por algunos miembros de la Iglesia como el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el teólogo y cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller, que sostienen que realizar un cambio en este sentido sería contrario a la doctrina cristiana.

En la misma línea se ha expresado recientemente el prefecto de la Casa Pontificia y secretario del papa emérito Benedicto XVI, Georg Gänswein, en una entrevista concedida a la publicación Zenit.

Gänswein ha defendido una “cercanía” hacia estas personas, pero al mismo tiempo ha subrayado que “un pastor no debe tomar decisiones con base a los aplausos de los medios de comunicación”, sino que se debe guiar por “el Evangelio, la fe, la doctrina y tradición”.

También Francisco reconoció que “situaciones como estas contradicen el sacramento cristiano”, pero acto seguido matizó que “con corazón de madre (la Iglesia) busca el bien y la salvación de todos, sin excluir a nadie”.

El papa quiere una Iglesia que no cierre “las puertas a nadie” y que acoja a todos “con misericordia”, también a los homosexuales.

Precisamente a ellos se refirió tan solo unos meses después de estrenar su pontificado cuando se preguntó quién era él para juzgar a los gais, en la conferencia de prensa que ofreció en el vuelo de Brasil a Roma.

Francisco ha conseguido que se hable de estos temas, al igual que otros como los abusos sexuales cometidos por miembros del clero, al continuar con los esfuerzos iniciados por el papa emérito Benedicto XVI e instituir la Pontificia Comisión para la tutela de menores.

Además, en una ocasión pidió perdón a seis víctimas de abusos sexuales y reconoció que los líderes de la Iglesia “no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas”.

Su lenguaje suele ser directo y claro, y a veces algo particular, como cuando dijo que para ser bueno y católico no hay que tener hijos “como conejos”, o como cuando defendió que es necesario ser “prudente” con la libertad de expresión y puso como ejemplo el de que, si alguien insulta a una madre, se podría ganar “un puñetazo”.

En sus dos años como papa, Bergoglio ha abogado por el respeto y la convivencia fraternal, y sobre todo por el diálogo y la paz, y no ha dudado en rechazar la violencia y en afirmar tajantemente que “los mafiosos están excomulgados”.

elespectador.com

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