Bayahibe, La Altagracia.-  El mar, con su braveza temporal, empezó a llevarse la arena de algunas de las paradisíacas playas de Bayahibe, en La Altagracia. Al replegarse, deja piedras y algas que provocan quejas en los turistas alojados en los hoteles que bordean parte de la zona. Sus olas ahora se desvanecen abrazadas a las rocas descubiertas o las piedras blancas que ellas mismas trajeron.

El fenómeno sorprende a algunos residentes de la región que dicen no haber visto nada igual en una playa caracterizada por su extensa arena blanca; otros, menos sorprendidos, creen que se trata de un evento cíclico, producido por el mar cuando está picado.
En esta última explicación se inscriben hoteleros y ambientalistas, que atribuyen la fuga de la arena a procesos naturales.
Pero estudios realizados en la zona apuntan a un proceso de erosión asociado a la sobre carga que sufre ese ecosistema costero y que coloca a Bayahibe entre las playas más afectadas por exceso de uso.

El Estudio de Capacidad de Carga Turística del Municipio de Bayahibe, realizado por The Nature Conservancy y el Programa para la Protección Ambiental, con el apoyo la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), entre agosto y octubre de 2013, advierte de una «sobre saturación» y de un «uso intensivo» de las playas.
Los investigadores señalan al municipio como un destino turístico «consolidado», pero sin planificación territorial. Observan que el intenso desarrollo costero y marítimo, la alta visitación y las constantes operaciones turísticas tienen serios impactos en los recursos naturales y sociales.
Recogen datos del Ministerio de Turismo que indican que el destino recibe un promedio de 76,722 turistas al año, más otros 471,180 que circulan por el lugar en tránsito a excursiones a lugares como Isla Saona.

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«Entre los impactos a los ecosistemas costeros, uno de los más significativos es la ocupación y destrucción de la playa arenosa de Bayahibe por cientos de embarcaciones turísticas que desembarcan o se fondean diariamente. En este espacio cada día ocurre el trasiego de combustible, mercancías y turistas de la playa a las embarcaciones y viceversa».
El estudio destaca que esa actividad daña, tanto la calidad del agua por el vertido de combustibles y aceite, como la calidad y estructura de la playa. Identifican una extensión de dos kilómetros cubierta por ocho playas, incluyendo seis ubicadas frente a grandes cadenas hoteleras. Concluyen que, en general, «las playas están saturadas», con un uso intensivo y con capacidad de carga baja en la mayoría de los casos.

Características promedio de las playas y su uso turístico en el destino Bayahibe. CCF. Capacidad de carga física actual. OC. Ocupación: I. Intensiva, M. Media, B. Baja
Sitio Longitud (m) Ancho promedio (m) Superficie (m2) Habitaciones Visitantes o habitantes CCF (m2/turista) OC
Playa Bayahibe 300 25 6700 NA 1800 3.7 I
Playa Dominicus 100 45 3280 NA 460 7.1  I
Dreams La Romana 280 55 15280 751 1878 8.1 I
Viva Wyndham 563 35 19560 934 2335 8.4  I
Be Live Canoa 250 45 12800 532 1330 9.6 I
Iberostar Dominicus 255 69 12780 501 1253 10.2 M
Catalonia 209 63 12710 404 1010 12.6 M
Cadaqués Caribe 160 60 9600 56 140 68.6 B
Fuente: Estudio de capacidad de carga turística en el D.M. Bayahibe | The Nature Conservancy | USAID 2013

Otro estudio: «Análisis, clasificación y propuesta de gestión geoambiental de las playas de República Dominicana», realizado por la consultora ambiental española Qu4tre, para el Ministerio de Turismo, señala que el aspecto más negativo de la presión de uso de la denominada playa pública de Bayahibe son las embarcaciones que utilizan su perímetro como puerto de anclaje, la presión de visitantes y la facilidad de acceso a la arena en vehículos de motor, un cuadro que afecta «la estabilidad del sistema».

Otto Cordero, técnico del viceministerio de Recursos Costeros Marinos del Ministerio de Medio Ambiente, calcula que a diario en esa playa se juntan hasta 120 embarcaciones esperando clientes para las excursiones a las islas Saona y Catalina, los destinos más visitados en la zona. «Eso es como tener dos fundas de cemento en la cabeza», dice.
Ese peso provoca que la arena se compacte, pierda porosidad y capacidad de retención, agrega la arquitecta Maribel Villalona, directora del Departamento de Planificación y Proyectos del Ministerio de Turismo.
Quejas entre turistas

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Entre los lugareños de Bayahibe, las opiniones sobre el retiro de la arena y el tiempo que lleva ese proceso son variadas. «El mar siempre recoge la arena, pero yo antes no había visto algo así», dice Antonio Mercedes, empleado del hotel Be Live Canoa, frente al cual se encuentra una de las franjas de playa afectada.

A José Ignacio Suriel, un vendedor de artesanía de la zona, le parece algo normal, y sostiene que en ocasiones es peor. «Cada año pasa lo mismo, sobre todo cuando hay tormentas. El mar se lleva todo y queda solo piedra, peor que como está ahora».
Coincide con Mistraella Guiseppe, dueño del restaurante Anani Beach, cuyos clientes se quejan con frecuencia por las condiciones de la playa: «Les digo que es un asunto natural y con eso no podemos hacer nada».
Una excusa que deja insatisfechos a muchos turistas que han formalizado sus quejas ante la gerencia de los hoteles. Pedro Piña, un vacacionista que vino de Portugal, se muestra decepcionado. La playa no llena las expectativas que le vendió su tour operador con el viaje a República Dominicana.
El turista llevó sus quejas a la gerencia del hotel donde se hospeda y ahí le explicaron sobre los caprichos del mar. Pero él, «decepcionado», dice que no volverá a este lugar.
Los encargados de Calidad e Ingeniería del Hotel Be Live, Maricela Veloz y Luis Alberto Sacarías, comentan sobre las quejas de sus clientes, pero aseguran que muchos entienden la explicación que se les da.
Julio Fernández, director de comunicaciones del Grupo Globalia, al que pertenece el Be Live, asegura que sus clientes están advertidos de que la playa no luce su habitual esplendor, y de que es una situación «sobrevenida». Sostiene que no han tenido conflictos debido que el hotel ofrece muchas alternativas de diversión.
«Una salud excelente»

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La que parece no estar enterada de la situación es la directora ejecutiva de la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahibe, Ana García Sotoca Pascual. «Debo comentarle que la situación (de las playas)no tiene nada de especial en esta temporada, y que el comportamiento de la arena está siguiendo su curso natural. Entendemos, por tanto, que no hay tal problema, y que nuestras playas siguen gozando de una salud excelente». Destaca los esfuerzos que hacen por mantener los estándares de calidad que le exige la Foundation for Environmental Education que por diez años le mantiene la certificación de Bandera Azul la playa La Laguna y que este año la extendió a la de Bayahibe.

Según la entidad, el destino de La Romana- Bayahibe recibió el año pasado 1,318,090 turistas. De ellos, unos 881,815 visitaron el atractivo Isla Saona y otros 194,041 a Altos de Chavón. Calcula una ocupación de 80 % en su oferta de 4 mil habitaciones.

Otto Cordero, al analizar la situación de Bayahibe, separa entre dos playas públicas y las de los hoteles. En estas últimas, atribuye la movilidad de la arena a un proceso cíclico normal para la temporada, que responde a las corrientes marinas, los flujos de vientos y a los problemas climatológicos.
«Eso es normal en esta temporada de verano. Cuando hay fuertes correntías, sumado a las lluvias, el mar arrastra parte de la arena y la lleva a otra parte, y luego, llegado el mes de diciembre y la temporada de invierno, vuelve y la trae. Pero en esa parte no hay mayores problemas», afirma.
No obstante, el estudio de Qu4tre, que sirve de base a Medio Ambiente y a Turismo para elaborar una norma de uso para las playas, encontró aspectos negativos en el área frente a Dominicus, citando las numerosas instalaciones a lo largo de la playa, su «artificialización» y la presión de los visitantes y accesos.

Se pierde y se gana

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Ernesto Veloz, presidente de la Asociación de Hoteles del Este (incluye las costas de Bávaro y Punta Cana), dice haber visto cómo, desde hace unos años, se ha perdido metros de playas en algunas zonas de la región. Entiende, sin embargo, que la situación no es tan grave, porque al tiempo que se pierde la arena en una parte, surge en otra. «No podemos decir que las playas han cambiado al punto de que el turista sienta que no es la misma». Sin embargo, la situación motivó al Ministerio de Turismo a evaluar la zona y ordenar estudios para determinar las medidas a adoptar.

Bávaro y Punta Cana reciben el 65 % de los turistas que visitan el país cada año, y este 2014 proyectan cerrar con una visitación de 3 millones, según Veloz.
La erosión de las playas surge como un problema sensible en un país al que en 2013 llegaron 4,689,770 turistas y en el que la actividad de la denominada «industria sin chimenea» generó unos US$10,000 millones (unos RD$435,000 millones) en los últimos dos años, según datos del Ministerio de Turismo.

 

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