París.- El fabricante aeronáutico europeo Airbus entregó hoy a la compañía Qatar Airways el primer aparato del modelo A350, su mayor proyecto en siete años, un avión de larga distancia y mediana capacidad que pretende competir en un mercado calculado en un billón de dólares en los próximos 20 años.

“Hoy es un día histórico para Airbus”, afirmó su presidente, Fabrice Brégier, durante la ceremonia de lanzamiento del sexto modelo en la historia del fabricante europeo, el primero desde que hace siete años pusiera en el aire el gigante A380, el avión de pasajeros más grande del mundo.

La ceremonia de entrega del avión “bimotor”, capaz de transportar a entre 300 y 350 pasajeros en viajes de 15.000 kilómetros sin escala, tuvo lugar en la factoría de Toulouse, en el sur de Francia, donde se llevó a cabo el ensamblaje del aparato, y estuvo presidida por Brégier y por su homólogo de Qatar Airways, Akbar al Baker.

El responsable de Airbus no ocultaba su satisfacción por la finalización de un programa de diez años en el que apenas se han registrado retrasos ni se han acumulado gastos suplementarios, todo lo contrario de lo que sucedió con el A380.

El avión que hoy se entregó a Qatar Airways es el primero de la quincena que están previstos para 2015 y efectuará su primer vuelo comercial el próximo día 15 entre Doha y Fráncfort.

Un gran momento en la batalla que Airbus comenzó a librar en 2004 contra su rival estadounidense Boeing, que reina en el nicho de los aviones de largo recorrido gracias a su 787 y al 777.

En 2004, Airbus había concentrado todas sus fuerzas en el A380, convencido de que las compañías iban a apostar por aviones más grandes para desarrollar potentes centros aéreos desde los que repartir el tráfico aéreo en aparatos más pequeños.

Pero las aerolíneas dirigieron su atención entonces a Boeing, que se lanzó a desarrollar aviones de gran autonomía algo más pequeños, como su 787, que permitían multiplicar las conexiones directas sin necesidad de pasar por los grandes centros.

Airbus tuvo que reaccionar y dedicar una inversión de 10.000 millones de euros para lanzar un nuevo avión, el A350, y competir en un mercado en el que se calcula que la demanda será de 6.000 aparatos en los dos próximos decenios. Su precio de catálogo actual es de 290 millones de dólares (237,1 millones de euros).

Para contrarrestar la ventaja de su rival estadounidense en ese nicho, el fabricante europeo apostó por un avión innovador, el primero de su gama en el que predominan los materiales compuestos y la fibra de carbono.

Más ligero, el A350 consume, según el constructor, un 25 % menos de carburante, el gasto más volátil en una compañía, y ha permitido a Airbus concebir una cabina más amplia, con 9 asientos frontales que ofrecen más comodidad a los pasajeros y con ventanillas más amplias.

Dotado de una moderna tecnología, aunque con menos recurso a la electrónica que el 787 -que ha sufrido retrasos por excesiva audacia-, el recién nacido de Airbus ha seducido ya a 41 aerolíneas, que han encargado 778 aviones.

Una demanda que el fabricante europeo espera incrementar a medida que los aviones comiencen a mostrar su valía.

A partir de 2019, de las plantas de ensamblado de Toulouse saldrán una decena de aparatos al mes y el proyecto, hasta entonces deficitario, empezará a dar réditos.

Hasta entonces, los beneficios del consorcio europeo seguirán reposando en el éxito de su modelo A320 de media distancia, el avión más vendido del mundo.

A mediados de 2017, Airbus tiene previsto entregar a Qatar Airways el primer avión de la gama con capacidad superior a los 400 pasajeros, la mayor versión, con la que espera cubrir un tercio de la demanda.

A medida que el proyecto avance el constructor incrementará el personal empleado en el mismo, de los 16.500 que actualmente trabajan en el A350, entre personal de Airbus y subcontratas, a los 30.000 empleos directos que se espera que el proyecto genere en 2018 en Francia, Alemania, España y el Reino Unido.

España, socio del consorcio, contribuye con un 8 % del nuevo modelo, esencialmente la cola de fibra de carbono del aparato fabricada en la planta del grupo en la localidad madrileña de Getafe. EFE

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